Citroën DS 19

Corría el año 1959 y el viejo continente consolidaba su recuperación económica y social. En medio de ese contexto de optimismo, el automóvil comenzaba a definirse no solo como un medio de transporte, sino como un reflejo directo de la innovación y la ambición de cada fabricante. En un momento en el que la mayoría apostaba por evolucionar lo conocido, Citroën apostaría por romper directamente con todo lo establecido.

La prueba de dicha filosofía había sido la presentación al mundo en 1955 de su modelo DS, una berlina que parecía llegada desde el futuro. Diseñada por Flaminio Bertoni, su silueta fluida y aerodinámica desafiaba cualquier referencia previa, mientras que su complejísima suspensión hidroneumática introducía un nivel de confort y estabilidad completamente desconocido hasta entonces.

Pero lo que nadie esperaba es que aquel coche, concebido como una referencia de confort en carretera abierta, encontrase en el Rally de Montecarlo de 1959 el escenario perfecto para demostrar algo más que su modernidad.

Rally de Montecarlo de 1959

SCALEXTRIC (TECNITOYS)

"Cuando todo se complica, hay coches que simplemente siguen avanzando"

La mítica carrera - a finales de los años 50- no era una prueba más. Era un desafío constante, un recorrido donde las condiciones cambiaban curva tras curva y donde la capacidad de adaptación marcaba la diferencia. Nieve, hielo, asfalto roto… un terreno en el que la potencia pura quedaba relegada a un segundo plano. Y sería en ese escenario caótico donde nuestro protagonista encontraría su oportunidad.

Gracias a su suspensión, capaz de mantener las ruedas en contacto con el suelo en situaciones donde otros coches simplemente rebotaban o perdían tracción, el DS ofrecía una ventaja tan sutil como decisiva. Ni era el más rápido en recta, ni el más ágil en los pasos revirados, pero sí el más constante ante las condiciones límite.

Gracias a esa capacidad de adaptación al terreno y a las manos expertas de Paul Coltelloni, el DS se alzaría con la victoria final en la línea de meta monegasca. Coltelloni, junto a su copiloto Pierre Alexandre, había sido capaz de entender la particular forma de trabajar del coche y aprovecharía esa buena sintonía para convertirlo en una herramienta sorprendentemente eficaz. No imponía, no dominaba… pero avanzaba. Siempre avanzaba.

Y en rallies como aquel de Montecarlo, eso era lo único que importaba.

El Tiburón de Scalextric

Si bien es cierto que llevar un coche con una personalidad tan marcada al mundo del slot no debe ser una tarea sencilla, podemos afirmar con total seguridad que la reproducción de Scalextric Tecnitoys ha logrado ampliamente su objetivo tanto en lo bueno como en lo malo.

Visualmente y una vez en la mano, el modelo resulta bastante más atractivo de lo que podría parecer en su urna. Se respetan muy bien las proporciones reales, manteniendo esa silueta larga, baja y fluida que convirtió al DS en un icono atemporal. La decoración, inspirada en las unidades del Montecarlo, está aplicada con limpieza y sin estridencias, reforzando ese aire elegante incluso en contexto de competición. No obstante, al modelo que ilustra este artículo, se le han añadido varias calcas para mejorar su aspecto, ya que, en nuestra opinión, la tampografía excesivamente simple del original le hace perder algunos enteros.

La carrocería está bien rematada - en la línea habitual de Tecnitoys - y la pintura es excelente. Exteriormente destacan los finos cromados y unas llantas muy bonitas a juego con el color del techo. Los limpiaparabrisas y el detalle de la luna trasera nos tienen especialmente embriagados y, como ya hemos comentado, el conjunto en mano resulta especialmente bello.

El interior es bastante correcto, con ambos pilotos bien reproducidos y decorados, cinturones de seguridad y cascos abiertos. Las anotaciones del copiloto están en blanco, pero a cambio, Scalextric nos regala un aro del volante totalmente delicioso, con unas proporciones, forma y nervaduras espectaculares.

Y es que este Tiburón es uno de esos modelos que cuanto más se observa, más acaba gustando y sorprendiendo.

Pasando ya al planteamiento técnico del coche, nos encontramos con el habitual motor en línea tipo RX-41 de Tecnitoys que, en esta unidad, nos entrega unas 16.400 RPM a 12V. La potencia es progresiva y fácil de gestionar, muy en consonancia con el carácter del modelo. Al gatillo no encontramos brusquedad ni respuestas secas y todo ocurre de manera muy lineal , invitando a una conducción poco agresiva.

El conjunto de la transmisión, típico de la casa con piñón de bronce de 9 dientes y corona de 27 de nailon, no sorprende en absoluto, pero funciona de manera sencilla y efectiva. En la parte trasera, los cojinetes que soportan el eje de acero también son de bronce y en la delantera, nos topamos con la desagradable sorpresa de los ya habituales semiejes de plástico.

El chasis, bastante más estrecho en su parte trasera al igual que en el coche original, resulta especialmente duro y rígido y, además, viene cerrado en su parte inferior y sin ningún tipo de decoración. Muy flojo en este apartado, la verdad, ya que ni siquiera aflojando la tornillería un par de vueltas logramos que el coche bascule lo suficiente como para ganar algo de agilidad en pista.

La guía trae el habitual sistema de retorno de la marca y una escasísima suspensión. Las cuatro llantas son de plástico en medida 7mm R15,5, y montan unos neumáticos rayados bastante estrechos y de perfil clásico, con un agarre demasiado alto a nuestro parecer.

Sobre la pista

Es aquí donde comienza el verdadero debate sobre nuestro protagonista de hoy. Y es que desde que lo ajustas en el carril, el Citroën te deja claro que no es un modelo convencional. Con las primeras vueltas empiezas a descubrir que la sensación de pilotaje - por llamarlo de alguna forma - es, como poco, diferente. No hay inmediatez en las reacciones, ni una dirección especialmente incisiva, ni esa agilidad que aparece de forma natural en modelos más cortos o ligeros. Aquí todo sucede con un pequeño retraso, con una inercia extraña que te obliga a anticipar cada movimiento. Pero ni por esas logras que el coche haga lo que tu pretendes y eso, en la mayoría de los casos, desconcierta.

Llegados a este punto y tras dar unas cuantas vueltas más, es cuando comienzas a plantearte su destierro eterno a la vitrina. Sientes un coche torpe, poco preciso, lento y de reacciones extrañas. Sientes que te has gastado el dinero en un pisapapeles con ruedas e, incluso, puede que la frustración te lleve a soltar algún exabrupto poco reproducible en estas líneas. Tranquilo, no serías el primero.

Si se intenta llevar con brusquedad, atacando las curvas o corrigiendo con gas, el DS no responde bien. El tren delantero tarda en funcionar, la zaga acompaña (a veces) con cierto retardo y el conjunto transmite esa sensación de coche largo, estrecho y poco manejable.

Pero si llegados a este punto has decidido no rendirte y decides cambiar el enfoque, aceptando su ritmo y sus peculiaridades, notarás que aparece un coche diferente, más limpio, más seguro en sus transiciones y con un comportamiento bastante más satisfactorio. No es que el coche haya mejorado - sigue siendo el mismo pisapapeles - pero tú habrás alcanzado el equilibrio necesario para conducirlo. Frenar antes, redondear la trazada o aplicar el gas con suavidad, son factores diferenciales que ayudarán a mejorar tu percepción sobre el modelo.

Nunca va a destacar en las zonas más reviradas de tu trazado y tampoco vas a poder ponerlo a prueba contra el cronómetro, pero sí lograrás mantener un ritmo más o menos constante y disfrutarás de su estética sobre la pista.

Y es que el Citroën DS19 de Scalextric Tecnitoys es, ante todo, un coche con identidad propia. Nunca va a ser un bólido destinado a buscar los límites, pero si puede llegar a disfrutarse si se valora como una propuesta diferente. Te obliga a adaptarte, a cambiar tu forma de pilotar y a entender que no todos los coches se dominan de la misma manera. Y si en tu cerebro aceptas esa premisa y dejas de intentar imponer tu ritmo para empezar a trabajar con el suyo, puede que acabéis llegando a un buen entendimiento. Y si no, siempre será un coche realmente bonito para tu exposición.

Aunque hayan pasado más de 70 años desde su creación, El Citroën DS sigue recordando que hubo un tiempo en el que la clave no era correr más… sino saber cómo hacerlo.